Baños de bosque
Por extraño que nos suene, no debemos olvidar nuestra condición animal, es cierto que estamos moldeados por la cultura, que influye en todos los aspectos y ámbitos de nuestra existencia. De eso podemos darnos cuenta, al observar las diferencias que separan y distinguen a los distintos grupos humanos que pueblan el planeta.
Sin embargo, hay algo que nos une en nuestros orígenes: la condición animal que el ser humano tiene. Pertenecemos al reino animal y, como tal, formamos parte del ecosistema que puebla el planeta; podemos modificar nuestro modo de relacionarnos con el entorno, crear diferentes modos de vida, pero siempre estaremos ligados biológicamente a la condición animal que tenemos.
Es por esta condición biológica, que necesitamos sentir la sintonía con la naturaleza, el contacto con el medio ambiente; estamos tan integrados en ella que es quien marca nuestros ritmos circadianos. Nuestro cerebro es un reloj que coordina con el medio natural y responde a los cambios de luz, temperatura, oscuridad y nuestro cuerpo reacciona a estos ritmos, hasta el punto de que la enfermedad y la salud están en gran parte influenciadas por estas simbiosis.
De esto son más conscientes o al menos lo tienen más presente, las culturas orientales, conservan los ritos ancestrales con la naturaleza, respetan sus ciclos y sintonizan con ellos. En Occidente, se han perdido en cierto modo, esas costumbres de contacto y respeto a la naturaleza. Sin embargo, desde hace un tiempo, como consecuencia de la aparición de ciertas enfermedades catalogadas como autoinmunes, de tratamiento todavía en estudio, han llevado a quienes padecen estos síntomas, a buscar alivio en diferentes fuentes y remedios: De esta necesidad por encontrar el equilibrio físico y mental nació la práctica terapéutica denominada BAÑOS DE BOSQUE
Clarisa Diez

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